Ir a Home UBB
  ubiobio.cl > Actualidad > Tribuna Universitaria > Sindicada líder de la secta de Pirque: ¿Una nueva “santa” para Chile?
Actualidad UBB


Sindicada líder de la secta de Pirque: ¿Una nueva “santa” para Chile?

Paola Olcese, supuesta líder de la Comunidad Ecológica Cristiana de Pirque, fue declarada demente por el Servicio Médico Legal, ya que padece de alucinaciones e ideas delirantes acerca de su constante contacto con Dios. ¿Habría sido calificada así si no estuviéramos en una sociedad incrédula, dominada por la Ciencia, las apariencias y la falta de fe? La verdad es que en otra época, su “delirio místico mesiánico” se hubiese tratado con gran seriedad, incluso en la jerarquía eclesiástica. En la historia de Chile nos encontramos con particulares casos de hacedores de milagros muy parecidos al de Olcese.

Al analizar los perfiles de personas consideradas “santas” en nuestro país, podemos ver cómo la historia se divide en dos partes. La primera, que se desarrolló con la mixtura del cristianismo y la tradición indígena durante La Colonia, reúne a diversas personas muertas en olor de santidad(1) que hoy no gozan de licencia eclesiástica, es decir, no han sido canonizadas. Y la segunda y más reciente, aquella que nos muestra a nuestros San Alberto Hurtado y Santa Teresa de Los Andes.

Varios autores dan cuenta de diversos “santos” chilenos que vivieron en los albores de la patria. Entre ellos surge la extraña figura de Catalina de Amasa Yturgoyen, condesa consorte de la Vega del Ren y sobrina nieta de Catalina de los Ríos y Lisperguer, la tristemente recordada Quintrala. Esto último quizás marcó toda su existencia. Se sabe que en la Quintrala se depositaron generaciones de taras familiares. Se dice de Águeda Flores y María de Encio, sus abuelas, que la primera tenía pacto con un duende que habitaba en su casa y que la segunda mató a su marido echándole azogue(2) por los oídos (Vicuña Mackenna, 1877). Y Catalina de Amasa no debió estar exenta de esta herencia de problemas patológicos. La condesa se comunicaba muy seguido con Dios, a lo que se agregaban las particulares penitencias y mortificaciones que cumplía. En una ocasión adularon sus bellos ojos, por lo que echó ají en ellos. En otra, obedeciendo a uno de sus confesores, tuvo media hora en su boca la podrida cabeza de un negro muerto. Todo ese día conservó entre sus dientes pedazos de carne de aquella fresca calavera. A esto se suman las diversas apariciones que tenía, no sólo de diferentes santos, sino también de espíritus inicuos; en una ocasión, Jesucristo le dio a gustar de la sangre de su costado y en otra rezó el rosario con la Virgen María. Una vez comentó que “más quería hablar con Dios que de Dios”. Además, la “santa condesa” tenía como ejemplo de vida a Santa Catalina de Siena, quien en el siglo XIV, cual Paola Olcese en Pirque, “reunió a un grupo de discípulos de ambos sexos en una confraternidad espiritual unida a sí por lazos de amor místico” (Vázquez de Acuña, 2006).

Pero además de Catalina de Amasa, tenemos en el elenco de “santas” chilenas a Constanza de San Lorenzo, monja agustina araucana, que en su tiempo se hizo de tal fama de milagrosa, que a sus exequias asistió lo más granado de la sociedad de su época. A Úrsula Suárez, monja clarisa, se le apareció el diablo en varias ocasiones. Y María Antonia Ipinza, monja capuchina, podía predecir el futuro por obra y gracia de Dios (Vicuña Mackenna, 1877).

Una de las más notorias diferencias entre estos “santos” del pasado chileno y los ahora reconocidos oficialmente por la Iglesia, es que los primeros hacían la gran mayoría de sus milagros en vida, algo que hoy en día sería considerado como simples mentiras o alucinaciones. Por eso tenemos a santos “con licencia” como Alberto Hurtado Cruchaga, dedicado a la más profunda abnegación, o a una Juanita Fernández Solar, Santa Teresa de Los Andes, carmelita descalza que tuvo una vida breve y sencilla. Sus lados “milagrosos” no florecerían sino después de haber entrado con esplendor al reino de los cielos.

¿No podría caber entonces dentro de ese primer grupo de “santidades primitivas” una líder sectaria de Pirque que asegura haber visto a Jesús y cuyas alucinaciones e ideas delirantes relata con tal naturalidad y certeza(3)? Si bien algunos podrían dar una respuesta positiva a esta pregunta, debemos pensar en que vivimos en un mundo con más maldad y locura que el experimentado por aquella “santa condesa” y donde delitos como los de la Quintrala y sus abuelas son pan de cada día.

Notas

(1) “Fallecer en olor de santidad” es un  concepto que tiende a describir a una persona que en vida fue muy buena, bondadosa y/o hacedora de milagros.

(2) Como “azogue” se puede entender “mercurio”, aunque en este caso se debería tomar en cuenta el significado de simple “elemento químico”.

(3) Informe Nº 2383-7 del Servicio Médico Legal, firmado por el Dr. Ítalo Sigala Romele. Citado en El Mercurio, 11 de octubre de 2007, cuerpo C, página 12.

 

Bibliografía

Vázquez de Acuña y García del Postigo, Isidoro, 2006, La Santa Condesa de la Vega del Ren, Boletín de la Academia Chilena de la Historia, Año LXXII, No. 115: 179-213.

VICUÑA MACKENNA, BENJAMÍN, 1877, Los Lisperguer y la Quintrala, Valparaíso, Imprenta del Mercurio. Reeditado por Editorial Sudamericana, Santiago, 2001.

 

 


                   Subir
Img
Gonzalo Alexis Luengo Orellana
Alumno de Pedagogía en Inglés
Facultad de Educación y Humanidades, Universidad del Bío-Bío



Nuestra Universidad | Carreras | Postgrado | Arte&Cultura | Contactos