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Fortalezas de la Familia

La familia la relacionamos con el mundo de la salud y de los valores. Es una de las instituciones que permanece firme a pesar de los cambios culturales que se vienen sucediendo en las últimas décadas. Ella es formadora de personas (sanas y no tan sanas) y escuela de valores; hay valores que son permanentes, y por eso parece lógico no sólo que la familia sea institución permanente, sino que los temas de familia vayan asociados a los temas valóricos y de la ética. La ética dice relación a nuestra manera de vivir. En ella existen valores y principios que sirven de guía y orientación.

Introducción.

La familia la relacionamos con el mundo de la salud y de los valores. Es una de las instituciones que permanece firme a pesar de los cambios culturales que se vienen sucediendo en las últimas décadas. Ella es formadora de personas (sanas y no tan sanas) y escuela de valores; hay valores que son permanentes, y por eso parece lógico no sólo que la familia sea institución permanente, sino que los temas de familia vayan asociados a los temas valóricos y de la ética. La ética dice relación a nuestra manera de vivir. En ella existen valores y principios que sirven de guía y orientación. Existe una ética civil, sin ningún calificativo de tipo religioso, que es válida para todos los seres humanos, sean de la mentalidad que sean; en el fondo, es la ética que se contiene en los derechos humanos promulgados por las Naciones Unidas, y suscritos por la mayoría de los países. Es la ética que nos ayuda a ser felices porque toma en cuenta lo fundamental del ser humano, y nos ayuda a vivir mejor. Nos ayuda al discernimiento de lo que es bueno para el ser humano, para su crecimiento como persona integral. Y si hay una institución que contribuye al formación de la persona integral es la familia saludable.

 

Familia y valores éticos se dan la mano porque ambos contribuyen poderosamente al desarrollo del principio fundamental de toda ética: aquel que se basa en la dignidad de la persona humana. En forma un poco simple podríamos decir que es ético (bueno) todo aquello que favorece y promueve la dignidad humana. A la inversa, sería antiético (malo), todo aquello que ofenda a la dignidad de la persona humana. Hablar de las fortalezas de la familia significa tomar en cuenta aquellos aspectos que la hacen sana, saludable, aspectos que inciden en el respeto y promoción de la dignidad humana, y ayudan a la felicidad de las personas. Por lo mismo, todo aquello que contribuya al sano desarrollo y estabilidad de las familias será muy bien venido desde nuestro punto de vista, porque, de una manera u otra, redundará en beneficio y felicidad de las personas.

 

Antes de hablar de lo que entendemos por familia saludable y sana, detengámonos un momento en el concepto de salud.

 

Concepto de salud.

 

El concepto de salud ha ido evolucionando desde una visión meramente médico – biologicista, a una mucho más integral de corte bio-psico-social. Según este nuevo concepto (no tan nuevo, en realidad), una persona es considerada sana cuando también es saludable, es decir, cuando no sólo no padece ninguna enfermedad física, sino que se siente bien en el plano biológico, desde luego, pero también en los demás planos, haciendo que esa persona se perciba a sí misma como básicamente feliz. Y para sentirse feliz (en el concepto relativo de la palabra) ha de verse sana esta persona en sus dimensiones fisiológica, psicológica, afectiva, espiritual. Una salud mirada así, es una salud que se refiere a la persona integral o a la integralidad de la persona.

 

Por lo mismo, hoy, el campo de la salud no pertenece solamente a un tipo de profesionales (personal médico y paramédico), sino que corresponde ser tratado por un equipo multidisciplinar. Este concepto de salud es más humano, y al igual que la persona humana, puede ser abordado desde muchos puntos de vista. Corresponde entonces, buscar la participación de todos los sectores que son parte del desarrollo social, político, técnico, y económico en los diferentes niveles de gestión, para en conjunto actuar en forma eficaz. Al igual que la participación, la intersectorialidad plantea la idea de coordinación, intercambio, cooperación e integración en un proceso para generar mejor calidad de vida y mayor bienestar de la población. (Ministerio de Salud. La Vida es lo primero. 1997: De Consultorio a Centro de Salud. Marco Conceptual. Chile. pp 40 - 41).

 

Salud familiar.

 

Habiendo visto cómo el concepto de salud se refiere a la persona integralmente considerada, y no sólo al aspecto físico, es más fácil ahora hablar de lo que se entiende por salud familiar.

 

Las investigaciones clínicas realizadas desde los años 30 del siglo pasado, sobre la Familia Exitosa, han aportado datos interesantes para nuestro tema. En los años 80, Beavers y Hampson (Universidad de Texas) usaron algunos criterios muy útiles para el estudio de la dinámica familiar, y que son aplicables a la psicoterapia de la familia. Para hablar de salud familiar a partir de estas investigaciones, se puede mirar la familia desde tres aspectos: estructural, funcional, y relacional.

 

1.    En cuanto a la Estructura de la Familia, se valoran los siguientes aspectos:

a.       El poder Manifiesto.

Este poder en una familia puede ir desde caótico a igualitario. Según se manifieste en forma más adecuada, la familia será más sana y feliz. A medida que ese poder se acerca a una manifestación de autoridad democrática, nos estaremos acercando también a una estructura más sana de la familia. Por lo tanto, tan alejada estará de la estructura saludable aquella familia donde predomina el estilo del “laissez faire, laissez passer”, como aquella donde prevalece el autoritarismo  dictatorial de uno de los miembros sobre los demás. La autoridad democrática es un valor ético y saludable (genera seguridad); el autoritarismo es un antivalor (provoca odio y revanchismo).

b.       Las Coaliciones y Las Fronteras.

En una familia se pueden presentar fuertes entendimientos, lazos, consensos, etc., entre padres e hijos, entre los hijos entre sí, entre los padres. Y también puede haber marcadas fronteras entres los distintos grupos sistémicos; estas fronteras entre padres – hijos, hermanos entre sí, padres entre sí, etc., pueden estar diferenciadas o indiferenciadas. La forma en que se den coaliciones y fronteras contribuye también a la mejor o peor salud de la familia. Son para algo, y no contra nadie. La fronteras son necesarias, pues marcan los límites (el padre es quien más quiere a su hijo, pero no tiene por qué ser el mejor “amigo” de su hijo,en el sentido de horizontalidad, tipo grupo de pares. Que sea el mejor padre).

c.       La Mitología.

Concepto que se refiere a la percepción que tiene la propia familia acerca de ella misma. Esta percepción puede ser congruente o incongruente, y así veremos que existen familias muy objetivas en cuanto a la percepción y narración de su realidad, mientras otras se alejan peligrosamente de la dimensión objetiva cuando perciben y describen su realidad. Estas últimas son proclives a la confusión y desorientación. Una familia es más saludable cuanto mejor acoge y asume su propia verdad, la propia realidad objetivamente considerada; evita así construirse sobre las falsas bases del mito y el cuento. La cultura actual lleva de por sí a las apariencias y el engaño, pero la verdad será uno de los valores permanentes más estimados y apreciados por la persona sana, y es la familia la gran educadora de dicho valor.

 

2.    Respecto a los aspectos más funcionales:

Se entiende que una familia es más sana cuanto más capaz es de llegar a la solución eficaz de problemas y conflictos. Una familia puede calificarse, pues, de eficiente o ineficiente, en la solución de problemas. Una familia funciona mejor o peor, según la destreza que tiene para la solución de conflictos. Sabemos que los conflictos y problemas son inherentes a la naturaleza humana; de hecho, nunca faltan conflictos entre personas cercanas, pero ellos de por sí no son causa de la buena o mala salud de la familia. Lo que tiene que ver con la buena o mala salud familiar es la buena o mala solución de esos conflictos y problemas. La familia sana sabe enfrentar los conflictos, sabe salir airosa y fortalecida de cada uno de ellos, y así enseña a sus miembros para que procedan a futuro.

 

3.    En cuanto al aspecto relacional se toman en cuenta algunas cuestiones o preguntas muy importantes para la salud familiar:

Si los miembros de ella saben ser muy unidos, y a la vez autónomos, sin crear dependencias de unos respecto otros; si expresan bien sus sentimientos y pensamientos, con claridad y sin temor; si asumen la debida responsabilidad en las acciones personales; y finalmente, si existe entre los miembros de la familia la debida permeabilidad, es decir, si son abiertos y receptivos los unos con los otros.

 

Estos elementos tienen mucho que ver con el tono de la afectividad: amplitud afectiva, buen o mal humor, empatía, etc., entre los miembros de la familia.

 

Para los especialistas, las familias óptimas (sanas) son aquellas que muestran grados consistentemente elevados de capacidad de negociación, claridad de expresión individual, respeto por las elecciones individuales de los miembros de la familia, tolerancia a la ambigüedad y frustración, actitudes de afiliación de unos para con otros, y sentido de pertenencia.

 

Cada  miembro de estas familias aparece como competente, reconocido y asegurado; espontáneo, disfrutan unos de otros y están permitidas las expresiones de los sentimientos, actitudes y creencias. Existe más bien una creencia consistente en que cada individuo es único y respetado, más que la existencia de roles estereotipados.... Los padres de estas familias son líderes claros, ayudan y cuidan cada uno del otro, y ofrecen modelos apropiados de respeto e intimidad para los niños.[1]

 

4.    Respuestas de estudiantes acerca de salud familiar.

A un grupo de estudiantes universitarios valencianos, de carreras relacionadas con el mundo de la salud, se les pide que se pronuncien sobre: familia sana, familia adaptada, familia feliz. Las respuestas de ellos, aunque sean de una cultura distinta a la nuestra, no extrapolable en paquete a nuestra realidad chilena, puede ser iluminadora.

a.       Familia Sana.

Muchos de los sujetos encuestados oponen esta idea al concepto de enfermedad médica . Sería sana la familia que no es enferma, o sería sana la familia que goza de buena salud, sin problemas médicos. Pero una gran parte, sin embargo, se refiere a la salud integral haciendo uso de los siguientes términos: bienestar, salud física y psíquica, sin vicios, deportiva, satisfacción, hay armonía, buena alimentación, higiene. También aparecen conceptos que se refieren al campo relacional; según eso una familia sería sana cuando es: comprensiva, comunicativa, demostrativa de cariño y amor.

b.       Familia Normal.

Aparecen cuatro tipos de respuestas:

 

Un grupo toma la normalidad en sentido estadístico, y según eso sería normal la familia de clase media, cotidiana, típica, corriente, que pertenece al promedio, modelo estándar, con padre – madre – hijos, todos trabajan, estudian y se divierten, con problemas normales.

 

Otro grupo hace críticas a lo que se entiende por normalidad, y miran a esa familia supuestamente normal en forma despectiva y peyorativa, descolgándose de los habituales criterios sociales de estructuración de las familias. Para estos jóvenes esa familia es vista como: vulgar, rutinaria, convencional, aburrida, no original, apática.

 

Sin embargo, otros tienen una valoración positiva de la familia normal, y la califican diciendo que es una familia con problemas, pero donde entre todos se encuentran soluciones, y donde, a pesar de los problemas, existe buena convivencia, es una familia estable y trabajadora.

 

El último grupo, el más pequeño, se refiere al tema en forma irónica, y pide que les presenten esa familia normal, pues desean conocerla. Afirman que la tal familia no existe.

 

c.       Familia Adaptada.

Por adaptación se entiende aquí el significado tradicional, es decir, aquel que hace referencia a la normalización social, se aceptan las normas sociales, y existe integración a la sociedad. Es una adaptación que supone aceptación de las normas y los estereotipos reinantes en el ambiente.

 

A esta pregunta los encuestados responden expresando dos tipos de adaptación:

·          Una más pasiva y más negativa, calificando a esta familia adaptada como rutinaria, sus miembros se soportan, hay resignación, se preocupan de las apariencias, se adaptan a lo que pide la sociedad porque no les queda más remedio.

 

·          Otras respuestas son más positivas, y ven la familia adaptada como: equilibrada, que supera las dificultades, en ella hay buena comunicación, sus miembros son capaces de asumir cualquier tipo de problema familiar, se toman las decisiones entre todos, existen buenas relaciones, es una familia abierta a los cambios, reina el esfuerzo, es una familia operativa y eficaz. En resumen, este grupo considera que en esa familia existe un claro sentido de adaptación interna al ambiente de la familia, pero también una adaptación externa al contexto social en el que tiene que vivir. No se descarta el sano sentido crítico.

d.       Familia Feliz.

Para la mayoría de los encuestados esta sería una familia a la que le corresponderían términos como: comunicativa, comprensiva, innovadora, excitante, soñadora, amorosa, sonriente, novedosa, se valora lo que se tiene, realizada, atrayente, entre los miembros existe una mutua aceptación incondicional. Algunos también respondieron en forma irónica haciendo ver que tal idea de familia feliz es una simple idea platónica sin existencia en la realidad.[2]

 

Todas estas respuestas confirman de alguna manera los estudios de Beavers y Hampson (Universidad de Texas), de los años 80 del siglo XX.

 

Familias sanas para el mundo de hoy. Algunos elementos de reflexión.

 

Como dijimos al principio, todo aquello que contribuye a fortalecer la dignidad de las personas contribuye también a su salud y felicidad; y en ese campo consideramos a la familia como uno de los principales e insustituibles agentes. Ella es la gran educadora en el respeto a la dignidad humana, clave básica de toda ética. Trabajar por la salud familiar equivale a trabajar por la felicidad de las personas porque la familia es la agrupación humana primordial por antonomasia, y la más elemental de todas.

 

La familia, igual que la sociedad, está sufriendo cambios continuos y profundos. Pero los principales cambios que afectan a la familia no se vinculan tanto a las variaciones de sus estructuras internas, cuanto a su adaptación a las nuevas condiciones, especialmente las económicas. Asistimos frecuentemente a campañas bastante variopintas a favor de la familia. Parece que estas campañas deberían orientarse a liberar a las familias de las destructivas influencias del neoliberalismo económico reinante, sin embargo, vemos que muchas de ellas proceden precisamente de organismos y grupos cuyas ideologías neoliberales son bien conocidas, y al hablar de la familia, no sabemos si se refieren a la familia real hoy existente, o a un tipo de familia determinado (familia eminentemente consumista), que en el fondo sería afín a la ideología económica neoliberal. Es lícito hacerse estas preguntas.

 

La realidad de la familia que aquí consideramos sana es otra. Ella con sus creencias, valores, sentimientos y prácticas, es en cierta manera anticultural, y deslegitima la lógica neoliberal. La familia tiende a dar importancia al ser; el neoliberalismo se fija más en la apariencia y en el tener. Nuestra cultura económica dominante es la del consumo. Los individuos son cosificados por la publicidad de consumo; el individuo que compra productos de tal marca es él mismo “marcado” como perteneciente a ese grupo de consumo[3]. Así, el individuo se uniformiza en el grupo de consumidores. Todo esto va contra la ética de la familia, pues ella está dedicada a educar a sus miembros para que cada vez sean más sujetos autónomos, personales, independientes. La familia es más sana cuanto más educa para la libertad.

 

Los efectos de la neoliberalización del trabajo son muy profundos en la vida familiar, ya que impide disponer de suficiente tiempo como para atender a los hijos en la forma que ellos necesitan. ¿Qué se hace para reducir estos efectos perjudiciales? La mujer debe trabajar; esto es un logro, y no hay que dar marcha atrás, pero ¿qué se hace para que su incorporación al mundo laboral pueda realizarse sin menoscabo de la atención a sus hijos pequeños?

 

 

Pluralización de los modelos de familia en la actualidad.

1.    ¿Quién es la familia de hoy?

a.       Estructura parental.

El parentesco es reticular; existe comunicación entre los parientes, y ella se activa sobre todo en forma cíclica (nacimientos, matrimonios, defunciones), o según las necesidades sociales (migraciones, crisis económicas, exilios). En muchas sociedades se da hoy una alarmante reducción del número de hijos, lo cual nos lleva a pensar que cada vez existirán más personas sin hermanos. Hasta ahora muchos aspectos de la vida familiar, y muchas experiencias éticas al interior de la misma, se han basado en la experiencia de fratría con sus efectos sobre la fraternidad en términos de solidaridad, expresión de la afectividad, tolerancia a la gratificación no inmediata, etc. Los hermanos son entre sí, por medio de su convivencia natural, educadores para la solidaridad y la justicia

b.       Grupo doméstico.

Hoy muchas familias se organizan a partir de fragmentos de otras familias. En un mismo hogar existen “hermanos” de apellidos diferentes. Se trata de hogares polinucleares recombinados, formados a partir de la cohesión de fragmentos de familias separadas y divorciadas[4]. Este grupo es también verdadera familia, aunque no responda al modelo clásico, y puede ayudar mucho a fomentar la educación de la unidad en la diversidad.

c.       Legitimidad conyugal.

Se va perdiendo el sentido del matrimonio por “conveniencia” y cada vez gana más terreno el tabú romántico: los enlaces conyugales se hacen por amor. De hecho, cada vez que surge la noticia de algún matrimonio de famosos, en el que se sospecha que hayan predominado móviles interesados (económicos, de fama, etc.) ese enlace es mirado con sospecha y cierto desprecio por la mayoría de la población. Lo que legitimaría el vínculo matrimonial es el amor, y por lo tanto, se entiende también que si este amor se acaba, no tiene sentido seguir con la permanencia del enlace. Igualmente, habiendo amor, se supone que también se puede realizar el enlace entre dos personas aunque sean del mismo sexo. Hoy surgen por doquier movilizaciones sociales, promovidas por diversos colectivos, en demanda de la aprobación legal de todo este tipo de uniones.

 

El modelo biparental (padre – madre) sigue siendo considerado ideal, y por lo tanto, la legitimidad conyugal estaría basada en el hecho de que la prole necesita de padre y madre, sin embargo, la realidad monoparental es cada vez más frecuente. Por otro lado, predomina la cultura democrática y va desapareciendo la cultura patriarcal; el sentido democrático ejerce mucha influencia en la construcción de un nuevo tipo de relaciones de género: hombre y mujer cuentan con los mismos derechos y obligaciones en el mundo relacional de la pareja.

d.       Estructura genésica.

Se refiere a las relaciones entre miembros de la familia de distintas edades y generaciones. La familia aparece así, como transmisora de criterios de valor a través de las relaciones intergeneracionales, y de las narraciones que van pasando de padres a hijos; la vida se presenta como memoria histórica, como espacio de diálogo intergeneracional.

 

Cada vez más, los menores son sujetos autónomos que negocian; los hijos son cada vez más expresivos, y los padres sienten que deben tomarlos en cuenta con realismo, evitando ser víctimas de la sobrecarga emocional que este tipo de relación lleva consigo, especialmente cuando se trata de padres que en su infancia y juventud no estuvieron acostumbrados a la espontánea expresión de sentimientos y afectos. Es digno de destacar el rol que hoy pueden jugar las personas mayores de la familia, y el nuevo sentido de la “abueleidad”. Buen testimonio de esta realidad pueden aportar los padres de niños pequeños.

 

Insustituible función de la familia.

 

            Y aquí está la gran fortaleza de la familia. En contra de las visiones pesimistas de algunos, hoy día no asistimos al fin de la familia; quizá nunca como ahora hubo tanto consenso acerca de la necesidad de la familia. La familia es la única institución tradicional que crece en prestigio, credibilidad y deseabilidad.[5] Es cierto que carece de fuerza como para influir en la marcha de la política de los países, pero su poder es grande en la formación de las personas y en las funciones afectivas, emocionales, valóricas. De la familia depende, en gran parte, la estabilidad emocional y afectiva de los individuos desde la infancia hasta la vejez. En la familia se produce la educación de todos sus miembros (no sólo de los hijos) según la cultura de creencias y valores socialmente establecida como ética cívica (ética civil = ética de mínimos).

 

            Algo tan saludable como la solidaridad se aprende en la familia. Gracias a las relaciones de padres e hijos, de hermanos entre sí, y con miembros más antiguos de las generaciones anteriores, los distintos miembros de la familia van practicando lo que es la preocupación por los demás, lo que significa la práctica de la generosidad y la renuncia de algunos bienes, para poder correr en ayuda del hermano o familiar más necesitado. Igualmente la buena salud familiar obliga a sus miembros a ejercitarse frecuentemente en dos aspectos muy importantes para la vida social como son la tolerancia a la frustración y la tolerancia a la ambigüedad. Las familias formadas a partir de fragmentos de otras familias pueden aportar mucho, como decíamos antes, para la educación en la unidad y diversidad.

 

            La felicidad de las personas se construye por medio de la comunión y participación, y en eso es la familia la mejor escuela. La familia es constructora de libertad, felicidad y comunidad.[6] También la familia es la generadora del vínculo de pertenencia, una de las necesidades fundamentales que, según Maslow, ha de ser satisfecha para poder alcanzar la realización humana.

 

            Creemos pues, firmemente, que una de las mejores inversiones que la sociedad de hoy puede hacer para construir un mundo mejor, es promover todas aquellas instancias (en la política, economía, salud, mundo académico y universitario, etc.) que redunden en el mejor conocimiento y servicio de la familia.

 

José Luis Ysern de Arce

Universidad del Bio-Bio. Chillán – CHILE.

jysern@ubiobio.cl

 

BIBLIOGRAFÍA

 

1.       Flecha, JR. 1994:                             La Familia, Comunión de personas. Salamanca. Universidad Pontificia.

2.       Gafo, J. 1994:                                 10 Palabras claves en Bioética. Navarra. evd.

3.       Gómez Serrano, PJ. 2003:               La familia, escuela de liberación, justicia y solidaridad.    Sal Terrae. Nº 1.067. Santander. Mayo 2003.

4.       Mifsud, T. 2002:                              Moral de Discernimiento. Libres para amar. Santiago. San Pablo.

5.       Ministerio de Salud. 1997:                De Consultorio a Centro de Salud. Santiago.

6.       Morandé, P. 1994:                           Persona, matrimonio y familia. Santiago. Publicaciones Universidad Católica de Chile.

7.       Moulian, Tomás. 1998:                     El consumo me consume. Santiago. LOM Ediciones.

8.       Quintana, JMª. 1993:                       Pedagogía familiar. Madrid. Narcea.

9.       Varios. 1995:                                  Problemáticas familiares actuales y terapia familiar. Valencia. Promolibro.

10.   Vidal Fdez., F. 2003:                        El devenir de la Familia: una comunidad contracultural, reflexiva y plural. Sal Terrae. Nº 1.067. Santander. Mayo 2003.

11.   Villarejo, A. 1984:                           El matrimonio y la familia en la Familiaris Consortio. Madrid. Paulinas.



[1] Varios.  1995.: Problemáticas familiares actuales y terapia familiar. Valencia. Promolibro. (p. 46)

[2] Ib. pp. 46 – 50.

[3] Moulian, Tomás. 1998: El consumo me consume. Santiago. LOM Ediciones.

[4] Vidal Fernández, Fernando. 2003: El devenir de la Familia: una comunidad contracultural, reflexiva y plural. Sal Terrae. Nº 1.067. Santander. Mayo 2003. (pp. 357 – 372).

[5] Ib. p. 370.

[6] Morandé Pedro. 1994: Persona, matrimonio y familia. Santiago. Publicaciones Universidad Católica de Chile.


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