Ir a Home UBB
  ubiobio.cl > Actualidad > Tribuna Universitaria > Lo bueno y lo malo
Actualidad UBB

Dialogando con el lado oscuro
Lo bueno y lo malo

Este fue un verano excesivamente caluroso. Hay rumores que se trataría del calentamiento global, aunque yo opino que es una especie de calentamiento social. Debo reconocer que toda esta cobertura que se le ha dado a las tribus urbanas tales como Pokemones, Emos, Visuals y una larguísima e ininteligible lista más, termina por chocar con algunas partes profundas de mi formación.

Juro que no tengo nada de santo, pero termino por verme escandalizado. No sé si pensar en que antes se hacía exactamente lo mismo pero éramos más hipócritas o, sencillamente hay ahora una óptica respecto a la sexualidad – y la expresión de ella  – que es más sincera.

Es en ese contexto que divagaba una tarde de febrero, sudando por el paseo peatonal, cuando divisé en la vereda del frente a nada menos que el Diablo – el mismo que fue engañado por Pedro Urdemales, claro que mucho más viejo – comiéndose un helado y riéndose mientras miraba una vitrina. Considerando que no había nada más interesante que hacer, opté por acercarme… cautelosamente por cierto. Me puse a su lado y comenté:

– ¡Qué tarde más calurosa!– Él me miró curioso y respondió:
– Pues yo trabajo en un lugar bastante más cálido. Lleno de calor humano. Le hemos pedido al jefe aire acondicionado, pero insiste que es parte de nuestra misión laborar a altas temperaturas. Por eso de vez en cuando me tomo descansos y salgo aquí, a lo fresquito…– Miré algo sorprendido su purpúreo rostro, mientras a lo lejos el final de la calle se agitaba como si el aire espeso fuera de gelatina.
– Pues la verdad yo creo intuir quién es usted, – comenté –  espero que no haya venido a llevarme…
– Pues no por ahora, estoy de día libre. Me divertía mirando esta vitrina, llena de objetos de tentación. Me ha llegado bastante clientela que ha hecho lo indecible por obtener esos “ay–fon” o como se llamen. Están resultando más efectivos que las joyas y muchos otros artilugios que ha diseñado nuestro departamento creativo.
– Realmente interesante. Pero no creo que el materialismo sea su mejor proveedor, de seguro hay otros motivos para ir a ser objeto de “su atención…”
– Mira muchacho, en El Libro está claramente tipificado el origen de todo mal. Nosotros nos limitamos a marcar en el formulario de ingreso si se trata de lujuria, gula, avaricia, pereza, ira, envidia o soberbia. Si lo piensas con detención, estos celulares pueden provocar todos esos pecados. Ergo, son una obra maestra. Algo parecido ocurre con los automóviles, que además tienen la ventaja de acelerar el ingreso del cliente al Sistema. No en vano tenemos millones de años de experiencia hirviendo… perdón, sirviendo a la comunidad. Nuestro flujo de trabajo es un modelo de organización.
– Ciertamente imagino muchos objetos capaces de corrompernos. ¿Pero la pereza no es la madre de todos los vicios?
– Pues sí, pero la Lujuria es el padre y la Gula el tío. Ahí tú puedes deducir toda la parentela de la Perdición. Mira toda la cantidad de futuros clientes que hay por aquí, caminemos y verás.
Nos dirigimos a paso lento hacia la Plaza de Armas. Al llegar ahí una pareja de escolares se besuqueaba en uno de los bancos, mientras otra retozaba sobre el césped.
– ¡Supongo que ahí hay clientes seguros! – comenté.
– Uuuuuy, ¡qué equivocado estás! Estos niños se están entregando cariño con las más puras intenciones y ni siquiera los puedes culpar por hacer la cimarra si el colegio no logra interesarlos por permanecer allí. Diferente es el caso de ese hombre que va con el maletín, mirando la hora. Acaba de mentirle a su esposa, le ha dicho que estará toda la tarde en una reunión. Le ha mentido a su jefe, diciendo que tiene que visitar a unos proveedores. Le ha mentido a una muchacha respecto a su soltería y ahí va, poseído por la Lujuria y la Mentira a consumar su acto carnal. Como detalle jocoso, se ha mentido a si mismo jurando que se la puede. Por añadidura le miente a todos los que se cruzan en su camino, con su apariencia de sano ejecutivo. Él de seguro acaba de cliente nuestro. Por cierto, conversando se me ha derretido el helado, creo que tengo las manos algo tibias… Ven, te invito un postre allí. No te preocupes por el dinero, hay bastante en el lugar en que trabajo. Todos los malos negocios acaban allá… – Soltó una carcajada muy ad–hoc a su persona mientras cruzábamos la calle hasta una conocida fuente de soda. Pasó la cola entre las barras de una silla y se sentó delicadamente. Yo me acomodé a cierta distancia de él – uno nunca puede estar tranquilo con ese tipo de compañía –. Pedimos sendas copas heladas cargadas de crema. “¡Una tentación!” comentó, y yo por un momento pensé en las calorías y el colesterol que tenía esa crema rebosante… y comencé a comerla. Él soltó una carcajada sonora y continuó:
– Es justamente esa manera de pensar la que lleva a tu gente a la Perdición. Te juro que es de toda mi conveniencia. Piensan y evalúan todo lo malo que significa algo, pero terminan haciéndolo igual. Se justifican con que la carne es débil, pero se les olvida que esa carne la comandan ellos mismos. ¿Para qué tienen libre albedrío si después dicen que “no pudieron evitarlo”?
– Pues no estoy muy de acuerdo con usted. Estamos constantemente requeridos por necesidades y ellas nos obligan a muchas cosas. El hambre, el sexo, el miedo, el placer, el frío y el calor rigen muchas de nuestras acciones. Incluso los niveles de ciertas hormonas dirigen nuestro ánimo, nivel de concentración, inteligencia, crecimiento, habilidades, etc. No creo que tengamos elección más que en el 10% de lo que hacemos.
– HA, HA, HAAA… muy buen intento. Si fuera por eso, yo no tendría clientela y todos ustedes estarían regidos por instintos y comportamientos programados. Puras máquinas orgánicas. Pero lamento informarte que antes de hacer cualquier cosa reprobable, ustedes son advertidos con más o menos fuerza. Es en ese pequeño momento de decisión cuando más humanos son, y es ahí cuando pecan. Por eso en El Libro hay tantos elogios para los arrepentidos, aunque opine que es malo para mi negocio. Ahora bien, hay bastantes arrepentidos profesionales que caen una y otra vez en su vicio y, ya desde el instante de la decisión, saben que después podrán desdecirse y pedir disculpas. Ese tipo de persona es mi “Cliente Premium”.
Sacó de no sé donde un cigarrillo y lo encendió. Le comenté que eso era malo para la salud y mientras se reía de mi comentario lo consumió en una sola piteada. Se limpió un cuerno con la servilleta y dijo:
– Bueno, ha sido una tarde relajante, ya debo irme. Espero que nos veamos de nuevo.
– Ha sido muy agradable pero preferiría que no. Adiós y que le vaya bien…
– Je, je, je, jeee… dejémoslo en un “Hasta pronto”. Que disfrutes tu tarde.
Y se esfumó dejando olor a azufre. Ahí llegó el mozo, me entregó la cuenta y me percaté que uno también peca de inocente. Caminé hasta la Catedral, me persigné con agua bendita – por si las dudas – y divisé a lo lejos la pareja que retozaba en los jardines. Me pareció lo más puro que vi esa tarde.


                   Subir
Img
Víctor Ceballos Muñoz
Diseñador Gráfico
Magíster en Nuevas Tecnologías
Prorrectoría UBB
Sede Chillán.



Nuestra Universidad | Carreras | Postgrado | Arte&Cultura | Contactos